CINE, TV, LITERATURA, MÚSICA...tu opinión cuenta

Me llamo Rafa Ruiz. Soy guionista e intento ser director de cine. Soy una persona que ha crecido en los 90. Tengo demasiados pensamientos en la cabeza, y quiero compartirlos con vosotros y a la vez conocer los vuestros. El arte se crea entre todos

Mostrando entradas con la etiqueta análisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta análisis. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de febrero de 2013

2012, UNA DE CAL Y OTRA DE ARENA

2012 ha sido un año marcado por la poca originalidad de las producciones estadounidenses, lo que sumado a la grave crisis económica que está afectando en este lado del charco al mundo de la cultura, podríamos decir que 2012 no será recordado cinematográficamente hablando, aunque quizás sea un año que marque mucho la temática de los filmes que vendrán, sobre todo los europeos.

Para empezar, abriré esta retrospectiva hablando de la que es la mayor fábrica de sueños de la historia del cine. Y es que si ya de por si Hollywood es la industria onírica por antonomasia, dentro de ella brilla con especial importancia la estrella de Walt Disney. Y son esos estudios y sus diferentes divisiones (Marvel, Pixar) los que en este 2012 nos han demostrado que son capaces de lo mejor y lo peor. Lo peor, claramente, John Carter. Una película de aventuras que pretende abarcar un espectro de audiencia tan amplio, que al final se queda en nada. Quien mucho abarca poco aprieta, y este es ejemplo más flagrante. Andrew Stanton, realizador de joyas animadas como Nemo o Wall-E, parece estar más perdido en Marte que el propio John Carter. Y aunque hay secuencias grabadas con acierto, la película adolece de un guión que nos recuerda por momentos a las peores partes de La amenaza Fantasma. Muchos se preguntan si quizás con un tono más oscuro y menos familiar, sin personajes secundarios tontorrones e infantiles, la película hubiera llegado a buen puerto, o por lo menos si habría amortizado en salas el su presupuesto, cercano a los doscientos cincuenta millones de dolares. El lado bueno es que ahora Disney tendrá mucho más cuidado al poner en marcha las nuevas películas de Star Wars, que al menos la primera dirigirá J.J.Abrams.


Y es que aunque la compañía del ratón Mickey haya perdido unos milloncejos con las fantasías marcianas de Carter, ha reventado las taquillas mundiales con Los Vengadores, así que lo comido por lo servido y todos contentos. El que más, Joss Wedon, director de la orgía de superheroes de la Marvel. Su tremendo éxito (vamos a decir de crítica y público, aunque más lo segundo que lo primero) le han convertido en el rey midas de las adaptaciones al celuloide de los proyectos Marvel de los que Disney tenga los derechos, reservándose el placer de poder meter mano en cualquiera de ellos, amén de asegurarse dirigir la ya segura secuela de Los Vengadores. Un dato de interés, solamente en salas ha superado los 1.500 millones de dolares.
Para acabar ya con la compañía del criogenizado magnate (no he podido resistirme), quería referirme a su última película animada, Rompe Ralph, de Rich Moore. Me parece de lo mejor que han hecho en años. La cinta está al nivel de Los Increíbles o Toy Story. Aunque no consigue alcanzar momentos tan plenos de películas como Up o Wall-E, es más familiar y entretenida que estas, que disfrutaban más los padres que los hijos. Además nos entrega a una de las parejas animadas más entrañables de la historia de la compañía, Ralph y Vanellope.

Otra de las grandes sorpresas del 2012 me la dio una película que, si bien podría haber estado producido por Disney, pero ha sido Paramount la que ha hecho posible el salto de Martin Scorsese al cine para todos los públicos. Hablo de La invención de Hugo, una de las películas más bonitas que he visto.Una cinta que reflexiona en el paso del tiempo, en no anclarse al pasado y vivir el presente, de que nunca es tarde para descubrir nuevas emociones. A  los que nos gusta esto del cine, nos toca si cabe un poquito más. Quizás sea Scorsese uno de los directores vivos con más conocimientos de la historia del cine y eso, se nota mucho. Ambientada en el París de principios del siglo XX y basada en un relato clásico americano, La invención de Hugo deja claro el amor que siente su director por el séptimo arte.

Y moviéndonos tan solo un siglo, en la misma Francia, surge Intocable, el hito del cine galo para 2012. Con una cálida acogida en toda Europa, cuenta la historia de un acaudalado tetraplégico que contrata como asistente a un joven de color de los suburbios. La película es maravillosa. Lo mismo te puede hacer esbozar una leve sonrisa, reír a carcajadas o incluso derramar alguna lágrima. Y aunque la trama adolece de cierta simplicidad, la relación entre los protagonistas es el verdadero hilo conductor del film. La industria americana ya prepara el remake.

Una de las grandes decepciones de este año que dejamos atrás ha sido Prometheus. Creo que poca gente encontraréis a la que le haya gustado. La frase del cartel es algo así como: "Fueron a descubrir nuestro origen y lo que encontraron podría ser nuestro fin". Es irónico porque lo mismo podría aplicársele a su director, Ridley Scott. Fue a buscar su orígen y se ha pegado una hostia de la que no le será fácil reponerse. Aunque a lo largo de los años ha hecho muchas películas cuestionables, siempre se decía que su género era la ciencia ficción. Ahora ya no le salva ni eso.
Y de precuela infumable a un reboot igualmente fallido. The amazing Spiderman, de Marc Webb. Horrible además de aburrida, repetitiva y totalmente innecesaria de cabo a rabo. Con una secuela ya en marcha.
Y otro que parecía buscar sus orígenes y se ha quedado a medio gas es Tim Burton con Sombras tenebrosas y Frankenwinie. Con la primera intenta buscar un tono a medio camino entre el terror y la más pura comedia, intentando semejarse Bitelchus, aunque no consigue ni acercarse, a pesar del buen hacer de sus intérpretes, en especial Eva Green y Michelle Pfeiffer. En la segunda adapta a película stop motion de uno de sus primeros cortometrajes, con un resultado un tanto irregular, quedándose en otra mera postal del imaginario Burton.

Pero no todas las adaptaciones de 2012 se han quedado en agua de borrajas. Si ya sabidas son mis predilecciones por El caballero oscuro, la leyenda renace y Skyfall, otras películas palomiteras como la temprana Los hombres que no amaban a las mujeres, de David Fincher y la tardía El hobbit, de Peter Jackson me han causado una grata sorpresa. David Fincher parece ser otro de los que quieren volver sobre sus pasos, utilizando para ello, una historia oscura y de tono detectivesco, con claros parecidos por momentos a Seven o The game, películas que realizó en la década de los noventa, tras debutar en la gran pantalla con Alien 3.

Si soy sincero, El hobbit me ha gustado más que cualquiera de las entregas de El señor de los anillos. O por lo menos tanto como La comunidad del anillo, que es mi favorita de la trilogía, porque es más de aventuras y menos épica. He de reconocer que siento más predilección por la Tierra media de los corredores entre montañas, las oscuras cavernas y los bosques encantados que por las faraónicas secuencias de asaltos a castillos o las grandes batallas en campo abierto. Por esa razón, me quedo con El Hobbit y con unas ganas tremendas de ver por fin (y entero) a Smaug, pero para eso, todavía falta casi un año.
Y siguiendo con películas de corte comercial aunque menos inyecciones de adrenalina, Argo, de Ben Affleck, La vida de Pi, de Ang Lee y La mujer de negro, de James Watkins. Tres películas muy diferentes pero que han convencido a la mayoría de personas que las han visto. La película de Affleck, que si bien peca de poca profundidad en sus personajes principales, pone toda la carne en el asador a la hora de centrarse en la historia y mantener la tensión de la trama hasta el último momento. Además de arrasar en todas las antesalas de los Oscar (en los cuales creo que se va a llevar un batacazo), Argo está haciendo por fin que a Ben Affleck se le esté reconociendo como realizador el mérito que no encontró delante de la cámara dirigido por otras personas.


La vida de Pi es muy diferente. Una experiencia sensorial y mental única que se digiere con el tiempo. Es difícil asimilar plenamente todo lo que la película cuenta, porque habla de todo y a todos los niveles. Una preciosa metáfora de la vida, impregnada de realismo mágico que la hace entretenida en todo momento. Una de las pocas cintas interesantes, junto con La invención de Hugo, para ver en 3D.
La mujer de negro es un relato de terror gótico, producción de la mítica Hammer Films. Una película hecha a la antigua usanza, que recuerda a las películas de terror de los años 30 por su estética, tono y pulso. Protagonizada por un Daniel Radcliffe que poco a poco se va quitando el estigma del niño mago.

Una película que no sabría cómo calificar es Indomable, del siempre interesante Steven Soderberg (Ocean´s Eleven, Traffic, Che...). Yo la llamaría más que película, un ejercicio de estilo y forma. Dónde Soderberg (también director de fotografía en sus films) Un experimento de corte comercial, con un elenco de actores de primera fila que ejercen de secundarios, arropando a la luchadora y actriz Gina Carano, en una trama de espías repleta de puñaladas por la espalda. He de reconocer que cuando la vi me pareció muy interesante. Incluso me recordó a Hanna, de Joe Wright, una película parecida en cierto modo por temática y estilo e igualmente interesante y entretenida.

Dos de las grandes decepciones de 2012 comparten protagonista, Joseph Gordon-Levitt. Son Sin Frenos, de David Koepp y Looper, de Rian Johnson . Dos propuestas a priori interesantes pero que acaban naufragando estrepitosamente por el camino.
Para finalizar, Shame, de Steve McQueen una de esas películas que merecen una mención aparte. Una dicotomía de las relaciones entre hermanos, con unos soberbios Michael Fassbender y Carey Mulligan.

Vamos, que para mi, 2012 ha sido más un año de películas mediocres, salvado por unos pocos destellos de buen cine. Pero seguro que se me olvida alguna película, o no estáis de acuerdo con mi opinión. ¿Cuáles os han gustado más? ¿Cuáles menos? ¡Coméntanoslo!

miércoles, 23 de enero de 2013

DJANGO : DESENFOCADO


Si algo no se le puede negar a Quentin Tarantino es su capacidad de crear la máxima expectación para cada uno de sus nuevos proyectos. Expectación que se traduce en salas de cine llenas (y mira que no es fácil en tiempos de crisis), y lo más difícil todavía, de gente de todo rango de edades. El cineasta norteamericano nacido en Tennessee (estado en el que transcurre parte del film), es un icono de la cultura cinematográfica de los últimos veinte años, que ha elevado al nivel de cine de autor sus obras, collages modernos en los que recicla de forma sublime géneros, recursos y actores surgidos de (en ocasiones) efímeras modas de décadas pasadas. Y es que pocos directores tienen el bagaje audiovisual como espectador que Tarantino posee, fruto de muchos años como dependiente de videoclub. Pero quizás el paso de los años y su cambio de estatus (de mordaz realizador y guionista a cineasta de culto) le hayan pasado factura. Dentro de todo director de cine habitan un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde. El primero vela por la unidad del conjunto y reprime la voluntad del segundo de hacer lo que le venga en gana. Tarantino nos entrega con Django Desencadenado, un claro ejemplo de la lucha entre sus dos yos, en un film con un primer acto muy potente que se desinfla a lo largo de sus ciento sesenta y cinco minutos de metraje hasta llegar a un desenlace que parece repetirse y no terminar nunca. Eso si, no hay que quitarle a Tarantino el mérito de que una película tan larga no se haga aburrida en ningún momento. Los diálogos son muy buenos, pero no están a la altura en subtexto o ingenio, a joyas del séptimo arte como Pulp Fiction o Jackie Brown. Hay más cine en la secuencia de apertura de Malditos Bastardos que en todo Django. Quentin Tarantino repite la fórmula que le lleva dando éxito desde Kill Bill: coger un género olvidado, redefinirlo y ponerle su guinda, pero esta vez algo falla. En parte puede ser por esa expectación de la que hablaba al principio, pero analizando detenidamente la película descubrimos que no es la única razón.

REPARTO Y PERSONAJES
Allá por finales de 2011 cuando se ultimaba el reparto de Django Unchained, fueron muchos los nombre que sonaron para encabezarlo. Algunos de aquellos nombres (Kevin Costner, Kurt Russell, Sascha Baron Cohen o Joseph Gordon-Levitt se) se cayeron por el camino. Los restantes son los que hoy lo protagonizan.

- Christoph Waltz es el Dr. King Schultz
El intérprete austríaco vuelve a deleitarnos tras Malditos Bastardos con otra magnífica interpretación, pero esta vez en el polo opuesto del Coronel Landa. El Dr. Schultz es un elegante dentista de origen alemán reconvertido en cazarrecompensas, un bonito símil de lo que los Estados Unidos de aquella época significaba el sueño americano. Aborrecedor de la esclavitud, en parte se aprovecha de la condición de esclavo de Django para que le ayude con su misión. Después, le ayudará a encontrar y liberar a su esposa.
- Jamie Foxx es Django Freeman
El polifacético Jamie Foxx se alzó con el papel de Django por delante de actores de la talla de Will Smith o el cada vez más conocido Idris Elba. Django es un esclavo liberado de sus negreros por un cazarrecompensas que le promete la libertad a cambio de que le ayude a encontrar a unos fugitivos a los que no conoce, pero Django si. Pero lo que de verdad ansía el protagonista, incluso por encima de su libertad, es encontrar a su mujer Broomhilda, a la que ve de forma recurrente en su cabeza, que le da fuerzas para seguir adelante. Poco a poco, Django se va dejando inundar por el sentimiento de odio hacia todos aquellos que durante los años han oprimido a su raza. Django aprende de lo que ve. El antagonista del relato lo define como el negro excepcional, uno entre diez mil.

- Leonardo DiCaprio es Calvin Candie
Si exceptuamos a Frank Abagnale Jr., el joven estafador al que interpreta en Atrápame si puedes de Steven Spielberg, 2002, este es el primer papel de villano que aborda DiCaprio. Un orgulloso terrateniente educado en la creencia de la superioridad de la raza blanca, como la mayoría de norteamericanos en aquella época. A destacar la relación que mantiene Candie con su criado doméstico Stephen, brillantemente encarnado por Samuel L. Jackson, al que no trata como un igual, pero con el que muestra cierta empatía y familiaridad muy difíciles de conseguir dados los rasgos de su personaje. Un dato curioso es que DiCaprio era el actor que debería haber dado vida al Coronel Landa en Malditos Bastardos, papel que al final recayó en Christoph Waltz. Todo un acierto finalmente.

- Samuel L. Jackson es Stephen
Aunque la labor actoral de Django Desencadenado es gratamente destacable, por encima de todos brilla con especial gracia y quizás en el papel más difícil de todos, Samuel L. Jackson, encarnando al criado Stephen. Muchos echamos de menos una nominación al Oscar para este camaleónico actor que lleva en pantalla desde los tiempos de El príncipe de Zahamunda de John Landis, 1988. El de Stephen es un papel difícil porque es un negro que trata a los esclavos como los tratan los blancos y que siente un especial  afecto por su amo.

Completan el reparto Kerry Washington en el papel de Broomhilda, esposa de Django, un irreconocible Don Johnson, caracterizado como Big Daddy, un sureño dueño de una plantación de algodón. Y en papeles meramente testimoniales Bruce Dern, Jonah Hill y Franco Nero (Django original de los westerns de finales de los 60). Destacar también la aparición del televisivo James Remar (Harry Morgan, padre de Dexter) en un doble rol secundario.
Si como comentaba anteriormente el trabajo del director y los actores en las interpretaciones es muy completo e intenso, se echa en falta algo más de profundidad en las motivaciones de los personajes. Si exceptuamos a Django, ninguno de los personajes sufre evolución alguna durante el film. Incluso la de Django está un poco cogida por los pelos. En resumen, todos muy planitos.


 LA PELÍCULA

DJANGO DESENCADENADO, de principio a fin.
INVENTANDO EL SOUTHERN: CAZARRECOMPENSAS, NEGREROS y PELEAS DE MANDINGOS.






El prólogo de Django Unchained se encadena con los créditos de la película a ritmo de Luis Bacalov. Unos negreros cruzan los típicos parajes del western norteamericano llevando una ristra de esclavos. En ellos, Tarantino ya utiliza los zooms ultrarápidos, que han envejecido mal, para remarcar expresiones de los personajes. Su uso es constante durante toda la película. Todos son zoom in, excepto el que presenta a la caravana del personaje de Christoph Waltz y otro con una impertinencia de Django, que son zoom out. Todo desemboca en la secuencia inicial del film, en la que el Dr. Schultz, tras comprobar que Django conoce a los hermanos Brittle, los forajidos a los que busca, libera al protagonista junto con el resto de los esclavos. Cuando Django se quita la manta que lo cubre, una vez desencadenado, el director utiliza un ralentizado, para enfatizar la liberación del yugo opresor.
Django y el doctor harán una breve parada en un pueblo en el que la gente se escandaliza al ver un negro montado a caballo. Mientras cabalga, su cabeza pasa por delante de una horca, genial detalle de Tarantino, que también se permite intimar mediante la cámara con los orígenes del personaje de Christoph Waltz al dedicarle una sucesión de planos detalle mientras tira unas cañas de cerveza. Schultz le propone a Django un trato: Si le ayuda a dar con los forajidos que busca, le dará la libertad. La secuencia se resuelve con la muerte del sheriff del pueblo a manos del cazarrecompensas, ayudando a remarcar su carácter frío y decidido a la hora de matar, pero también su afán de justicia (siempre con ánimo de lucro), ya que el sheriff resulta ser un bandido buscado por la ley. Se podría decir que en esta segunda secuencia, es el propio Tarantino en la piel de King Schultz disparándole al agente que marca las pautas del género, preparándonos para afrontar su particular visión del cine de vaqueros. En la siguiente escena descubrimos que Django está casado. Vemos a su mujer a través de un plano onírico que no se bien que pinta ahí.
Tarantino pone a Django a la altura de Schultz a través de una comparación realizada a través de la música de Luis Bacalov, cuando Django comienza a colaborar con el doctor alemán como cazarrecompensas. La pareja protagonista llega a la plantación de Spencer Bennett, donde encuentran a los hermanos Brittle, donde Django se tomará su vendetta personal con los que fueran sus capataces en el pasado. La muerte de tres blancos a manos de un negro da pié a una secuencia cómica en la que aparece el Ku-Klux Klan.
La fotografía en las secuencias de los flashbacks es horrible a mi modo de ver. No pega con la del resto de la película. La única justificación que encuentro es que intente evocar a la fotografía de los westerns de los que bebe Django Desencadenado.
Una vez cobrada la prima por sus cabezas, Django y Schultz acuerdan aliarse durante el invierno, reuniendo dinero para poder buscar y liberar a Broomhilda. El primer acto acaba cuando descubren quien es el dueño de la esposa de Django: Calvin Candie.



El nudo de la película comienza con los protagonistas llegando al club Cleopatra, en el que se celebran peleas de mandingos (esclavos negros). Uno de los que en ellas apuesta es el susodicho Candie. Schultz se hace pasar por un rico alemán interesado en introducirse en el mundo de las peleas y comprar (por una disparatada cantidad de dinero) uno de los mandingos de Candie. Django se hace pasar por su asesor. Candie está viendo una pelea cuando los protagonistas entran en la sala. Candie, aunque habla con Schultz, no aparta la mirada del combate hasta que el alemán reconoce que las peleas de mandingos le parecen divertidas. La pelea continúa y todos le prestan atención, excepto Django, que de espaldas toma un trago en la barra. 
De vuelta a Candyland, Calvin Candie muestra su cara más salvaje al echar a un esclavo a los perros. Al llegar a la plantación los protagonistas conocen a Stephen, el esclavo doméstico de Candie, que reacciona con escepticismo e ira ante la idea de que Django sea un hombre libre. Durante la cena, Stephen desconfía de las intenciones de Schultz y Django y se lo dice a Candie, que los presiona hasta averiguar su verdadero propósito. El segundo acto finaliza con un gran tiroteo que funciona como anticlímax (que en ocasiones recuerda a la secuencia de los maníacos de Kill Bill versión western, cambiando katanas por revólveres), del que sólo salen vivos, de los personajes principales,  Django y Stephen.
Venden a Django, pero este consigue escapar y vuelve para terminar el trabajo. Rescata a Broomhilda y, vestido con las ropas del difunto Candie, ejecuta a los que vuelven de su funeral, dejando a Stephen para el final. Django enciende la mecha de un cartucho de dinamita y hace saltar por los aires Candyland y así Tarantino los cimientos del western. La película acaba con un flashback en el que King Schultz bautiza a Django como el revólver más rápido del sur.


Con una historia principal muy plana y sin subtramas que la enriquezcan o que aporten profundidad al discurso, Django Desencadenado se revela como un épico entretenimiento en vez de rebelarse como una de las mejores películas del año y de  la filmografía de Tarantino, que nos entrega en plena madurez creativa una de sus cintas más irregulares. Django alcanza por momentos la brillantez de algunas de las anteriores películas del director, pero también cuenta con secuencias que poco o nada aportan al desarrollo de la trama, como en la que Django practica puntería con un muñeco de nieve (porque si está ahí simplemente para justificar que el protagonista es un buen tirador, me parece nefasta, ya que con anterioridad le ha acertado a un blanco en movimiento a 100 metros de distancia) o que simplemente intentan hacernos comprender actitudes en ocasiones inverosímiles de sus protagonistas. Incluso Tarantino crea expectativas alrededor del personaje de una mujer que después no va a más. Hay secundarios que son simples marionetas, como ña hermana de Calvin. Un verdadero despropósito.
A pesar de lo que muchos puedan pensar, Tarantino no se ceba con las imágenes violentas ni es demasiado explícito, aún teniendo a su disposición multitud de secuencias que podían ser propicias para ello. La película peca de larga, los diálogos no tienen la chispa habituales en el cineasta e incluso es menos divertida de lo esperado.
Hay que dar la enhorabuena a J. Michael Riva, Page Buckner y Sharen Davis, responsables respectivamente del diseño de producción, la decoración artística y el vestuario de la película, que son magníficos.



LA MÚSICA DE DJANGO
Como en cualquier película de Tarantino, la banda sonora es inmejorable. En ella conviven temas dispares que consiguen integrarse a la perfección en la película. Desde el Ain´t no grave de Johnny Cash hasta retales de bandas sonoras creadas por Ennio Morricone y Luis Bacalov para diversos spaghetti westerns de los sesenta. También se permite hacer un particular guiño al insertar la  canción  Unchained (The Payback/Untouchable) de James Brown y el difunto rapero 2Pac. Echo de menos la canción Chain gang de Sam Cooke, pero eso ya es cuestión de gustos.
Os dejo los vídeos de mis tres temas preferidos de la banda sonora.







miércoles, 16 de enero de 2013

SKYFALL : JAMES BOND RISES



Fue toda una declaración de intenciones cuando los productores de Skyfall contrataron a un reputado cineasta como Sam Mendes (responsable entre otras de las espléndidas American beauty y Camino a la Perdición) para que se hiciera cargo de la última película de James Bond. Desde la contratación de Daniel Craig para interpretar al más famoso agente secreto al servicio de su majestad en 2006, la saga ha tomado un toque más realista sin gadgets imposibles y con peleas más duras y sucias. Un Bond menos flemático que siente, sufre y se despeina. Pero Skyfall es todo eso y más. Es una vuelta a los orígenes de la saga y del personaje, que indaga en la orfandad de Bond y que lo devuelve a un mundo en el que parece estar obsoleto. Bond es en este film un viejo vaquero en un mundo que le sobrepasa. Es ahí cuando surge el personaje de Bardem, un James Bond distorsionado, al que han traicionado y que guarda un gran rencor contra los que antaño fueran sus jefes.

LOS BOND DE DANIEL CRAIG
Aunque soy un gran admirador de Casino Royale y de Martin Campbell (que con sus más y con sus menos, me parece un gran director de películas de acción y aventuras), Skyfall le gana el pulso. La última entrega de la saga de 007 es más madura que cualquiera de sus predecesoras. Sin necesidad de grandes artificios hace que los personajes sean creíbles y tridimensionales, movidos por motivaciones primarias, sin  caer en errores megalómanos del pasado. Martin Campbell (Goldeneye, La máscara del Zorro, Green Lantern...) fue el nexo entre lo que Bond había sido y lo que iba a llegar a ser. Un dato interesante es que fue Goldeneye la primera película en la que aparece el personaje de M (jefe del servicio de inteligencia británico) encarnado en una mujer, Judi Dench, que la ha interpretado el resto de las películas hasta la actualidad . El mundo nunca es suficiente, es la única película en la que su personaje es tan relevante como en Skyfall.
Quantum of Solace, ha sido la más floja de las tres películas de Daniel Craig como James Bond. La historia empieza inmediatamente después de como acaba Casino Royale, y son sus treinta primeros minutos lo mejor de una película que navega a la deriva durante otra hora y media para acabar naufragando. Lo más destacable es su montaje. Su director Marc Forster (Descubriendo nunca jamás, Monsterball, Más extraño que la ficción) muy capáz en dramas íntimos, no hizo un gran trabajo al frente de una gran producción de Hollywood y fue bastante cuestionado. Ahora va a estrenar Guerra Mundial Z, película de zombies con Brad Pitt, que ha tenido que realizar mes y medio extra de rodaje para solucionar problemas de ritmo y para darle más profundidad a ciertos personajes secundarios. Aunque esto no sea nunca una buena señal, espero que se redima y demuestre que puede tomar la batuta de una película de gran presupuesto.
En Skyfall, Daniel Craig nos brinda su interpretación de Bond más serena, contenida y emotiva, pero sin olvidar las señas de identidad del personaje.
Esta "trilogía" de Bond, con Daniel Craig al frente tiene bastantes similitudes con la trilogía del Caballero Oscuro de Chris Noaln. Algunos me diréis que estoy obsesionado con Batman y que veo murciélagos por doquier. Puede ser, pero nadie puede negar que la personalidad de ambos está marcada por la trágica muerte de sus padres cuando todavía eran unos infantes. Ambos fueron adiestrados (uno por el MI6 y otro por la Liga de las Sombras) para llegar a ser lo que son. Tanto Bruce Wayne como James Bond han perdido a un ser querido, lo que los ha hecho fríos y atormentados. En la última entrega mueren y resurgen. Y sobre todo, para mi han sido las dos superproducciones del año, muy por encima de El hobbit, Prometheus, Los vengadores y The amazing Spiderman en lo que se refiere a calidad cinematográfica, ya que todos son productos de entretenimiento de primer nivel.

LA PELÍCULA



SKYFALL, de principio a fin.
LA REINVENCIÓN DE LA REINVENCIÓN: VUELTA A LOS ORÍGENES
Se apagan las luces de la sala y en la pantalla vemos un ojo que poco a poco se hace más grande hasta dar paso al mítico logo del león de la desaparecida Metro Golgwyn Mayer. El rugido del animal hace que a algunos se nos ponga la piel de gallina. Un plano desenfocado en el que aparece una silueta a contraluz. Unas leves notas de viento metal del leitmotiv de 007 nos desvelan la identidad de la figura, que camina hacia la cámara hasta quedar en un primer plano, aunque debido a la iluminación, solo le vemos los ojos, el resto de su cara sigue en penumbra. Así empieza Skyfall. Éste es el plano que sustituye al mítico cañón de pistola con el agente británico al fondo desenfundando más rápido que el oponente, tiñendo la pantalla de rojo. Y quizás porque esta vez, en la accion piece inicial, James es el que acaba herido y dado por muerto. Pero vayamos por orden. James llega a un piso franco, en busca de un disco duro (muy similar a la lista noc de mission impossible I, aunque aquella se encontraba en un disquette)  que contiene el nombre de los agentes infiltrados del MI6 a lo largo del mundo. M supervisa la operación al otro lado de comunicador. Cuando Bond entra, encuentra a un compañero que ha sido atacado. Bond intenta salvarlo, pero es la propia M la que le dice que lo deje, que lo importante es recuperar el disco duro. Bond obedece a su pesar. Un detalle de guión muy interesante que resume muy bien el tema principal del argumento de la película.
Bond sale del edificio y se reune con otro de los operativos, una mujer llamada Eve (Naomi Harris). A partir de aquí, persecución en coche, tiroteo, persecución en moto, Bond perforando un tren con una excavadora, persecución coche-tren, que acaba con Bond en el techo del susodicho tren, peleando con la persona que ha robado la lista. Eve está apuntándoles con un rifle, pero el movimiento de los hombres hace que no pueda disparar al ladrón sin poner en peligro a Bond. M le presiona para que dispare, que el disco duro es lo más importante. Eve duda y M le ordena disparar. Bond lo escucha todo. Eve dispara y falla. Bond es abatido y cae del tren al río.
Empiezan los créditos. También los mejores de cualquiera de las útimas 15 películas de la saga. Los de Casino Royale también eran muy buenos, pero es que estos son una maravilla. La muerte y las dualidades son sus temas principales. Una síntesis metafórica de la película de cabo a rabo. Sin restarle importancia al tema de Adele, Skyfall, serio candidato al Oscar en mejor canción original. Así termina el prólogo.

El primer acto de la película comienza con M escribiendo el obituario del fallecido Bond. A la mañana siguiente, M acude a una reunión con su superior, Mallory (Ralph Fiennes). La entrevista empieza con planos laterales, mientras Mallory somete a M a una batería de preguntas acerca de la operación fallida. Los planos laterales ayudan a resaltar la incomodidad de dicha conversación. Cuando Mallory le dice a M que va a haber un traspaso de poderes y que ella va a tener que jubilarse . Entonces los planos pasan a ser frontales, remarcando la importancia de ese hecho, mostrando los rostros de los personajes en su totalidad. Al regresar de esta reunión, M ve en primera persona como el MI6 es atacado.
De ahí, pasamos a Bond, que vive su limbo particular en alguna isla desierta, donde sobrevive a base de alcohol, sexo y calmantes, pero que no es capaz de huir de su adicción más poderosa: la adrenalina que le proporciona su trabajo. Es entonces cuando se entera de lo sucedido en el MI6, y decide volver de la tumba.
En su retorno a Londres tiene un cara a cara con M, en el que le reprocha la decisión que tomó al ordenar el disparo que acabó con él en el fondo del río, pero acaba comprendiendo la acción de M, ya que muy probablemente hubiera sido la que el mismo hubiera tomado.
Para volver al servicio, Bond ha de pasar unas pruebas físicas y psicológicas en la nueva sede del MI6, un edificio antiguo de la época de la segunda guerra mundial. Una referencia más de las muchas que encontramos en este primer acto a la vejez. En las pruebas vemos a un 007 agotado, tanto física como anímicamente. Un distorsionado reflejo de lo que fue. Los planos enteros de Bond a contraluz son constantes, pero brillantemente utilizados por Sam Mendes durante toda la película, para ahondar en la idea de que Bond ya no es lo que era, y más adelante para enfatizar esas sombras, de donde él y el villano proceden. Después de las pruebas, Bond tiene una reunión con M y  Mallory, en la que este último muestra su descontento con la decisión de M de reincorporarlo al servicio. Mallory le dice a Bond todo lo que el propio Bond piensa de el mismo.
Después de que M le ponga tras la pista del ladrón del disco duro, Bond visita a su nuevo intendente Q (Ben Wishaw). La reunión tiene lugar en un museo (otra referencia a lo obsoleto que se encuentra Bond) dónde mantienen un interesante diálogo en torno a la vejez y las nuevas generaciones. El nuevo Q, es un cerebrito de aspecto hipster, al que 007 no parece tomarse muy en serio. Q le entrega un arma y una radio, no sin antes soltar un chascarrillo sobre bolígrafos explosivos. Hasta aquí el primer acto.

El segundo comienza Bond en ShanGhai, vigilando al ladrón del disco duro, al que sigue hasta un edificio de oficinas. El hombre resulta ser un mercenario que contratado por Silva (Javier Bardem), el villano de la función. Todo ello en una secuencia sin diálogo, con mucha tensión y un excelente juego de iluminación fría que culmina en una pelea cuerpo a cuerpo a contraluz entre Bond y el ladrón del disco duro al que Bond acaba tirando desde una ventana sin conseguir ninguna información.
La pista del ladrón lleva a 007 a un casino de Macau, dónde acompañado por Eve, conseguirá la información decisiva para llegar hasta Silva. Bond llega al casino en una barca que entra por la boca de unos gigantescos dragones decorativos, en una clara referencia a que se está metiendo en la boca del lobo. La secuencia del casino, que comienza con un plano secuencia que lo recorre por dentro en el que se entrelazan Eve y Bond, culmina con una pelea con lagartos de Komodo incluidos. En el casino, Bond conoce a Sévérine (Bernice Marlohe), con la que mantiene una conversación con el propósito de que lo lleve ante su jefe.

Silva se esconde en una isla abandonada, referencia al abandono sufrido por Silva, otro agente 00, cuando M lo entregó a los chinos a cambio de otros agentes capturados. La primera aparición de Bardem es magistral. Bond está atado a una silla, de riguroso negro. Al fondo, multitud de mesas con ordenadores crean un punto de fuga hasta el final de la estancia, guiando nuestra mirada hacia un ascensor que baja. De él sale Silva, con una chaqueta blanca, que comienza a caminar hacia James hablándole de cómo su abuela consiguió librarse de la plaga de ratas que sufrió la isla en la que vivía. La secuencia es espectacular. Silva acaba intimidando a Bond de manera homoerótica. Ellos son las últimas ratas de la isla. O se comen la una a la otra, o se comen al resto. Pero lo que diferencia a James de Silva, por muchas similitudes que tengan, es que Bond es un patriota y consecuente. Sabe cual es su trabajo y los riesgos que asume. Como lo dice M: "Sabes cuales son las reglas, llevas mucho tiempo en el juego".
007 avisa a los refuerzos y Silva es detenido, lo que da paso a una de las secuencias más memorables de la película. El cara a cara de M con Silva, con Bond siendo testigo de el. Silva relata como después de guardar los secretos del MI6 tras muchas torturas intentó suicidarse y no lo consiguió. Entonces Silva se quita una prótesis dental que deja ver su verdadero rostro. Un rostro deformado por el cianuro que no consiguió matarle. Silva se siente traicionado por M y muy dolido, aunque parece tranquilo en exceso. Mientras Q y Bond intentan descifrar el ordenador de Silva, M acude a una vista oral ante la ministra de interior británica para responder por la filtración de los primeros nombres del la lista robada por Silva. Todo confluye en una secuencia con montaje paralelo que alterna la fuga de Silva, el juicio de M y a Bond intentando evitar que el villano consiga llegar hasta M cuyo momento álgido es cuando M expone la defensa de sus decisiones, mientras Bond intenta llegar a ella. Silva está a punto de matar a M, pero Mallory lo impide. La relación materno-filial entre M y Silva se refleja en la mirada que le dedica el personaje interpretado por Bardem al interpretado por Dench. Entonces llega Bond, a tiempo para salvarla, haciendo huír a Silva, y dejándole claro a la Ministra, que el MI6 no es para nada un servicio obsoleto en un mundo que le queda muy grande, al igual que Bond, que puede estar más viejo, magullado y atormentado, pero que sigue con la vitalidad y las ganas del primer día. Bond huye con M, con el objetivo de que Silva vaya tras ellos.

Y comienza el acto final de la película con Bond y M llegando a las Highlands escocesas, lugar de residencia de Bond durante su infancia, mansión de sus padres, llamada Skyfall. En el último tramo del film es dónde descubrimos los verdaderos orígenes de Bond. En el viejo caserón encuentran a Kincade (Albert Finney) guardián de la finca y lo más parecido a una figura paterna que tuvo Bond tras quedar huérfano. Tras una secuencia de acción final menos grandilocuente de lo que nos tienen acostumbrado, Thiago Rodríguez (verdadero nombre de Silva) incendia la mansión  y da por muerto a 007, hundido en un lago helado. Silva persigue a M hasta la capilla donde están enterrados los padres de Bond. Silva y M nos brindan una emotiva escena final, en la que ambos mueren. Silva, evidentemente, a manos de 007. "Ya sólo queda una rata", sentencia Bond al cadáver de Silva. La figura maternal de M (tanto para Silva, como para Bond), muere en el mismo sitio en el que yacen Andrew y Monique Bond.

El epílogo de la película nos desvela que Eve, es realmente la señorita Monneypenny, una habitual de la saga, ayudante personal de M. Y tras la muerte de Emma, el M interpretado por Judi Dench, ¿quién será el encargado de retomar el personaje de jefe de James Bond? Pues evidentemente Ralph Fiennes (Mallory), quienes muchos creían que acabaría interpretando al nuevo Erns Stavro Bofeld, antagonista mítico y recurrente de 007 en sus inicios. Quién sabe, quizás para la próxima...







martes, 12 de junio de 2012

CREACIÓN DE PERSONAJES (II) : INTRODUCCIÓN AL ENEAGRAMA

Un eneagrama es una figura de nueve puntas que desarrolla un sistema o mapa de la personalidad que distingue NUEVE patrones de caracter o estilos de personalidad básicos y sus interrelaciones.

El objetivo del Eneagrama apunta a que podamos conocernos lo más clara y nítidamente posible, 
para que, a través de nuestra aceptación y el reconocimiento de nuestras potencialidades y los 
aspectos que las opacan, podamos iniciar un camino de transformación y desarrollo individual. 
El Eneagrama nos permite conocer profundamente nuestro funcionamiento interno. Es un excelente
método para que estemos más presentes y nos demos cuenta de qué está pasando dentro
de nosotros y hacia donde nos están conduciendo nuestros automatismos. Esto también es
aplicable a los demás, y lo utilizaremos para crear personajes más tridimensionales y convincentes.
Hay tres grupos distinguibles: el CORDIAL (al que pertenecen las personalidades 2, 3, 4) 
el CEREBRAL (5, 6, 7) y el VISCERAL (8, 9, 1).
Tipos de personalida
Cada una de estas personalidades
 tiene
unas cualidades que se potencian o
se minimizan según el estado de la
persona. Claudio Naranjo y 
Alejandro  Jodorowski 
son dos personas que  han
teorizado mucho a cerca de los 
citados eneagramas. A
continuación os dejo
dos imágenes de las pasiones y 
virtudes colectivas de cada tipo de 
personalidad. Próximamente las 
analizaré de una en una.
Eneagrama de las pasiones de cada personalidad
 



martes, 22 de mayo de 2012

EVERYBODY DIES


Hace ocho años aterrizaron en la parrilla norteamericana tres de las series que marcarían el tono de las producciones televisivas de ficción en esta primera década del siglo XXI. La última de ellas que seguía en antena acaba de emitir hace pocas horas el capítulo final de la serie. La semana anterior hacía lo mismo otra de ellas y la más ilustre de echó el cierre hace dos años. Las ficciones creadas por David Shore, Marc Cherry y J.J. Abrahams en el 2004 ponen punto y final a una exitosa trayectoria a través de los hogares de medio mundo. Hablo de House, Mujeres desesperadas y Lost respectivamente. Esta última encumbró a su creador, que ya tenía un considerable bagaje tras la serie ALIAS, pero que no fue hasta la consagración de Perdidos como serie de culto cuando su carrera despegó. Y aunque el final de la serie no pudo contentar a todos los seguidores por igual, fue un gran éxito. Además ha creado un sello muy distintivo y personal manifestado posteriormente en Fringe y la recientemente cancelada Alcatraz.

Pero de todas estas, si hay una muerte que me apene en general es la del Doctor Gregory House. Porque más allá de amas de casa con cadáveres en la nevera o de tetrapléjicos que vuelven andar después de un accidente de avión, están los personajes. Y de las tres series, House es la que mejor ha sabido tratarlos a través del tiempo, sin caer en la caricatura o en la pretenciosidad. La ventaja con la que parte House con respecto a las otras  es que no es una serie coral. Tiene muchos personajes, y aunque cada uno de ellos tiene su importancia y sus momentos de protagonismo, es una serie con un claro protagonista y la serie está hecha a su medida. Uno de los claros ejemplos de la conjunción de estas dos cosas es que cada pocas temporadas cambian a la mayoría del equipo de ayudantes de House, variando así el espectro de personalidades con las que tiene que lidiar el jefe médico para salirse con la sus planes, muchas veces inmorales.
Y es esta inmoralidad lo que hace de House un personaje tan adictivo y carismático. Deplorable en ocasiones pero tan atormentado y dañado por dentro, que te hace sentir lástima y compasión.  Y es que he de decir que me parece de las mejores puestas al día del personaje de Sherlock Holmes. Porque para quien no lo sepa, la serie es una adaptación muy libre de las novelas de Sir Arthur Conan Doyle.  De la que no solo conservan las iniciales (House=Holmes, Watson=Wilson), si no también la afición del primero por la música y por las drogas. Además de su audaz intelecto.
A lo largo de estos ocho años, por la consulta del Dr. House han pasado actores ilustres de la pequeña y gran pantalla como Robin Tunney, Jeffrey Wright, Joe Morton, David Morse, Jaleel J. White o Ronald Lee Ermey, y a su vez, House ha pasado por el psiquiátrico, por la carcel y por los juzgados, ha probado medicamentos experimentales, se ha empotrado en coche contra la casa de su novia y ha participado en un matrimonio de conveniencia.
Además, siempre se ha cuidado mucho la factura estética de la serie, contando con directores del calibre de Juan José Campanella, Bryan Singer o el propio Hugh Laurie, sumando así otra disciplina a su ya polifacética carrera: Actor, productor, músico, escritor y director, entre otras. El capítulo final, lo ha dirigido el creador de la serie, David Shore.
Y es que Greg House en el fondo es un niño que ha tardado ocho largos años en ir moldeando su personalidad, hasta madurar por fin. Porque aunque siga siendo excéntrico, faltón, egoísta, condescendiente y arrogante, el Dr. House parece haber asimilado que el no es el centro del universo.  Como un niño que se da cuenta de que se hace mayor y no sólo cambia el mundo que le rodea, si no él mismo. Y lo hace con uno de los finales más emotivos de la historia de la tv, en mi modesta opinión. Un desenlace agridulce con muchos reencuentros y alguna ausencia importante.
Una de las frases más ilustres del doctor de esta temporada ha sido "No existe una muerte digna". Parece que se ha equivocado. O en el fondo ya lo sabía, porque "Todo el mundo miente".



VAQUEROS DEL SIGLO XXI

Hace 5 años, los hermanos Coen fascinaron a crítica y público con un relato pausado, sombrío y falto del humor que caracteriza a todas sus obras. Adaptación de la novela de Cormac McCarthy publicada en 2005 con el mismo título, No es país para viejos se alzó con 4 Oscars de la academia (Mejor Película, mejor Director, Mejor secundario y mejor guión adaptado). No es de extrañar. A la academia le gusta todo lo que huele a cine clásico, y la película de los Coen lo rebosa por los 4 costados. Y es que en el fondo, ¿qué hay más clásico que un western? Los años dorados de Hollywood deben algunos de sus mayores éxitos a este género, y es que en el fondo, No es país para viejos no es más que una historia clásica de western trasladada a la frontera Mexicana en la década de los años 80. En ese paraje encontramos a Llewelyn Moss, (Josh Brolin) cazador de antílopes que descubre la escena de un crimen, con varios cadáveres, un alijo de heroína y 2 millones de dólares. Los parajes de la frontera estadounidense con la mexicana  son el marco perfecto para ambientar este western moderno y servir a la vez de nexo con las películas clásicas de vaqueros de maestros como John Ford o John Huston.
Drive sigue a un conductor, interpretado por Ryan Gosling, que de día es especialista de cine y por la noche se dedica a ayudar a escapar a atracadores de las escenas de sus robos. Todo cambia cuando el marido de una vecina con la que ha entablado amistad regresa a casa después de pasar una temporada en la cárcel.
No habrá paz para los malvados, película de Enrique Urbizu, nos cuenta la historia de Santos Trinidad (José Coronado), un policía de difícil personalidad y venido a menos que se toma la justicia por su mano.


Las tres tienen multitud de detalles en común entre ellas que las acercan al western, aunque pagando el precio de la modernización a nivel de estructura, tono y ritmo. Pero una de las peculiaridades más llamativas de todas ellas, es que en todas hay muy poco diálogo por parte de los protagonistas, cuatro lobos solitarios que expresan sus emociones con acciones y no con palabras. Tres antihéroes de libro pero con personalidades muy diferentes entre si.
Santos Trinidad era un héroe dentro de la policía nacional, pero en cierto momento dejó que la corrupción que había a su alrededor hiciera mella en él. Aún así, el quiere impartir justicia, caiga quién caiga. 
El personaje de Ryan Gosling en Driver es frío, calculador y con un lado oscuro, aunque de nobles intenciones y gran corazón que arriesga su vida para proteger a una familia. Llewelyn Moss es un veterano de guerra que encuentra la opción de abandonar su gris y rutinaria vida y huir con su mujer a vivir la vida que siempre quisieron. Pero aunque su propósito sea honrado, la avaricia y la pérdida del autocontrol hacen que no acabe como esperaba. 
Estas no son las únicas similitudes entre ellas. Todas tienen un ritmo pausado y con planos largos durante la mayor parte de su metraje, pero consiguiendo transmitir emociones muy intensas y de gran calado. 
Otro de los denominadores comunes de No es país para viejos y No habrá paz para los malvados es que narran dos tramas paralelas: una sigue a al protagonista y otra cuenta la historia de los policías que lo siguen.
Lo más destacable de Drive es la dirección de Nicolas Winding Refn y el tono que ha sabido imprimirle a la película. La composición de cada plano y la colocación de la cámara son simplemente extraordinarias. Además de unas magníficas de todos sus intérpretes. La banda sonora también es una gozada.
De No habrá paz para los malvados me quedo con el personaje de Santos Trinidad y con la soberbia interpretación de José Coronado. Amén del plano final de la película.
Y me sería muy difícil quedarme con solamente con una cosa de la película de Joel y Ethan Coen, porque es casi redonda. Lo único que se le puede echar en cara es un segundo punto de giro muy repentino, y la manera en la que está tratado. El antagonista, Anton Chigurh, encarnado por Javier Bardem, es uno de los malos más escalofriantes del cine de los últimos años. Pero sobre todo, el firme ritmo que le consiguen imprimir a un relato bastante lento, hace que la película se haga incluso corta y te quedes con ganas de más.

Para no ir cansándoos y que os quedéis con ganas de más, me despido. Esta vez, con una frase de Santos Trinidad y un póster de Drive.
"Rock & Roll"


jueves, 17 de mayo de 2012

NADA NUEVO BAJO EL SOL

Últimamente he visto algunas películas horrendas. Podría decir que lo he hecho sin saber ni cómo ni por qué, pero no es el caso. Es más, me he divertido mucho, y lo que es más importante, creo que he aprendido algo, el caso es que aún no tengo claro el qué. Casualmente todas tenían en común que son películas hechas en 3D. Quién me haya leído, conocerá mi aversión por dicho formato, pero esta vez no es exclusivamente por ello.


Mi odio al 3D viene generado por el afán de intentar vendernos la moto, cobrándonos un extra en la entrada por películas mediocres con el pretexto de que es la nueva forma de hacer cine. Si los productores de estas películas se dedicaran a mejorar las historias en vez de incluir en ellos más secuencias dónde las balas pasan rozándonos la cabeza, dónde la sangre parece que nos salpica o en las que parece que podamos estirar la mano y coger un mechón del peluquín de Nicolas Cage, cortado previamente por el machete volador lanzado por el villano de turno (esto último no me lo invento, mi creatividad no está todavía en ese nivel).
Las películas en cuestión son Furia ciega, Los tres mosqueteros, XP3D y Torrente 4. Vaya cuatro joyas. De entre todas ellas, la primera es la mejor. La culpa es tuya, me diréis. Pues aún tengo Miedos 3D en la recámara. Pero de Joe Dante aún me espero algo, por eso la decepción puede ser todavía mayor. 
De la primera, protagonizada por Cage, diré que es un delirio. Tiros y tetas en 3D. Con Nic teñido de rubio esta vez. Lo mejor de la película, Amber Heard (que no, no sale desnuda) y su director, Patrick Lussier, que por lo menos sabe dónde poner la cámara para jugar con el formato, cosa que parece no tener del todo claro ni Santiago Segura, ni Sergi Vizcaíno, directores de Torrente y XP3D respectivamente. MiamigoPaul, por otro lado, parece que aún está experimentando. Esta es su segunda película en 3D y aún se le ve descentrado. Parece haber demasiados elementos en escena, cosa de la que carecía la última entrega de la saga Resident evil, también en 3D, dónde los espacios estaban casi vacíos, para que nada pudiera eclipsar a la Jovovich dando saltitos y patadas en tres dimensiones. En Los tres mosqueteros, las escenas de ésta son las más fantasmas y en mi opinión peor rodadas. Una maravilla.
De Torrente 4: Lethal Crisis, solo diré que no es la peor de la saga, y que supera a la anterior entrega por goleada, sin llegar a estar a la altura de las 2 primeras. El 3D, en todo caso es testimonial, y solo se utiliza para hacer gracietas de sal gorda.
Y la cosa parece no parar. Cada mes desembarcan en los cines de nuestro país numerosas producciones (la mayoría estadounidenses) en 3D que no aportan nada novedoso. Como sigan así acabaremos asociando en 3D a películas mediocres. Ojalá.

Me despido con una noticia que me ha parecido interesante, a la par que triste. James Cameron ha dicho que de aquí hasta el final de su carrera solo se dedicará a rodar secuelas de Avatar en 3D. No sé si reír o llorar. Quizás llorar de risa sea la mejor opción.




domingo, 13 de mayo de 2012

LA OTRA MIRADA (II) : LAS NUEVAS OLAS, por SERGIO ROMÁN


Todo está desvirtuado. Antes, hacer cine era un oficio. Luego se convirtió en un arte y a partir de los setenta comenzó a ser un juego. Ahora no sé muy bien qué es. Y creo que ni el propio cine lo sabe. La mayor parte de los cineastas se limitan a seguir las reglas del juego sin plantearse siquiera cuál es el sentido primigenio de este medio al que dedican sus esfuerzos, ni cuál es la función que podría cumplir en la sociedad actual. Cabe señalar que, aunque estos cineastas sigan “las reglas”, todos presentan motivaciones inevitables que quedan reflejadas en sus obras, a saber: entretener, hacer espectáculo, transmitir emociones, contar una historia, superarse a sí mismos como artistas, ganar mucho dinero... ganarse la vida. Todas estas motivaciones y muchas más caben en el oficio de cineasta. Pero si hay algo que todos tienen en común es el medio que, por una u otra razón, han elegido para expresarse. No es que deban llegar al punto de justificar por qué se inclinaron hacia esa disciplina pero resulta saludable plantearse algunos porqués, especialmente en una época como la que vivimos, en la que todo se ha desvirtuado de una manera un tanto demencial y en la que sólo parece hablarse de crisis.

Como decía, el cine comenzó como un oficio y acabó siendo un juego. Hemos heredado unos modelos sobre cómo han de hacerse las cosas que apenas han cambiado con los años. Al menos en la superficie. Pero nosotros sí hemos cambiado. El cine que se hizo en los años veinte no es como el cine que se hace ahora, como tampoco son iguales los cineastas de la cinematografía española y los de la sueca, por citar dos ejemplos. Pero en esencia, independientemente de las nacionalidades y de las épocas, hay un denominador común: el cine como mecanismo de expresión. Cuando un joven cineasta se plantea abordar su primer trabajo tiene muy claro cómo se supone que ha de hacerse una película. Y digo “se supone” porque en muchos casos no se cuestiona el modelo preestablecido, que se toma como verdad universal, convirtiéndose en una creencia limitada sobre lo que es el trabajo de un cineasta. Este es, a mi parecer, el primer error, el problema de base del que derivan todos los demás. Cada persona, a partir de las condiciones y circunstancias que le rodeen, ha de plantearse de manera propia e intransferible cómo debe afrontar la realización de una película, especialmente en una situación de crisis, aún con más motivo si las condiciones de su país de origen son adversas para poder satisfacer ese sentimiento clásico de producción Made in Hollywood. Éste es el otro extremo del modelo ortodoxo heredero del sistema de los estudios. Estamos en crisis y nos lamentamos por las innumerables carencias que se dan a la hora ya no sólo de producir una película, sino también de distribuirla y exhibirla, y seguimos negándonos a evolucionar hacia otro lugar. Como ocurre con toda crisis, se está produciendo un trauma que nace de la desaparición de lo anterior y de la incertidumbre de lo que vendrá. Como en todos los cambios siempre hay un período de ajuste razonable. Pero en nuestra cinematografía hay una resistencia muy fuerte a abandonar creencias anteriores y, por extensión, un rechazo aún mayor a avanzar hacia territorios que quizás serían más ventajosos para todos. Algunos, con mayor o menor acierto, han profundizado en otra manera de hacer las cosas, pero no son sino excepciones que confirman una regla que todavía cobra demasiada fuerza, con demasiada vigorosidad, esto es, el modelo establecido. Luchamos para hacer las cosas como se supone que deberíamos hacerlas, con la energía y la fe ciega de quien espera desafiar las leyes de la gravedad. Puede que sea una virtud encomiable de quien indudablemente quiere hacer las cosas “como Dios manda” pero resulta también una actitud algo recalcitrante y poco evolutiva insistir en el hecho de que una crisis (crisis global unida a la sempiterna crisis cinematográfica patria) resulta un impedimento para poder concretar una obra a la manera establecida, y distribuirla y exhibirla como se ha hecho siempre.

Derribar los mencionados modelos es, como lo fue en su momento en la Nouvelle Vague, no ya una simple necesidad (aquí no hablo sólo de pragmatismo) sino quizás un acto de sabiduría.
Que nuestras obras nazcan no ya de un arcaico y desvirtuado modelo preestablecido, sino del entorno que nos rodea. Porque, ¿qué es el arte sino una reacción a la vida, a nuestro entorno? Esta noción ha quedado algo diluida por el hecho (hermanado con los modelos arcaicos desvirtuados) de que el cine pasó de ser un reflejo de la vida a ser un reflejo de otras películas. Resulta para muchos inconcebible deslindar el nacimiento de su vocación (que a menudo tiene su razón de ser en las películas que vio en su juventud) del propósito que de verdad les ocupa cuando se plantean una realización cinematográfica. Es por esto que hay que pararse a pensar y mirar a nuestro alrededor para crear de manera orgánica algo que nazca de la realidad que ven nuestros ojos, tanto en contenido como en forma. Porque los dos van de la mano. Porque si bien el contenido debe crear la forma y no al revés, la forma también estará directamente condicionada por las necesidades de producción, que habrá que asumir como aliadas y en ningún caso como enemigas, porque todo ocurre por algo y porque las crisis son caldo de cultivo para el cambio. Es a todas luces evidente que estamos ante una época única para el arte, una oportunidad sin parangón para evaluar la situación y adentrarnos sin miedo y sin nada que perder hacia territorios verdaderamente inexplorados que expandan de una vez las posibilidades expresivas del arte, lejos de avances tecnológicos que devienen de la propia naturaleza de un sistema agónico que no quiere morir y que se aferra a nuevas ofertas para seguir existiendo. Replanteemos el sistema con sus nuevas normas. Y una vez que estas dejen de servir a su verdadero propósito y den paso a un nuevo sin sentido, evolucionemos otra vez. Pero hemos de ser conscientes de que quizás lo viejo ya acabó, y que obcecarse por producir una película a la manera tradicional quizás sea darse cabezazos contra la misma pared. O no...


sábado, 12 de mayo de 2012

EL INDOMABLE BEN AFFLECK


Pocas estrellas han sabido sobreponerse a un batacazo tan bien y con tanto estilo como Ben Affleck. Surgido a la sombra de Matt Damon y co-ganador de un Oscar junto con éste por El indomable Will Hunting, de Gus Van Sant (1997), siempre se pensó que él era el menos válido en todos los sentidos, cómo guionista y cómo actor. Me remito por ejemplo a un célebre sketch de la serie Padre de Familia. El intervenir en algunas malas películas, sumado al batacazo en taquilla de algunas otras en las que se tenían puestas muchas expectativas hizo que se sumergiera en un pozo del que semejaba imposible de salir. Esto era 2004.
Volviendo al presente, nos encontramos con un Ben Affleck que ha hecho la del ave fénix, y nos sorprende con una nueva faceta, la de director, campo en el que, con solo 2 trabajos estrenados Adiós, pequeña, adiós (2007) y The town (2010), se ha ganado de nuevo el respeto del sector. El mío no lo ha perdido nunca, ya que me parece un buen actor, cuando los papeles están a la altura, o por lo menos cuando se los cree.
En su primera película, protagonizada por su hermano Cassey Affleck, Morgan Freeman y Ed Harris entre otros, destacó por tener un gran pulso narrativo en una film de suspense con una gran carga dramática, complicado de afrontar como director.  Aprobó con nota.

Su segundo film como director fue totalmente diferente. Un drama con mucha acción, con Jeremy Renner, Rebecca Hall, Jon Hamm y él mismo. Mucha gente compara la película con Heat (1995), de Michael Mann, y en cierto aspecto, por la trama y el tono, pueden ser similares. Una buena película en todo caso.
Y este otoño, Ben estrena Argo, una película de la que todavía no sabría definir el tono, pero que relata la historia de unos agentes americanos que se hacen pasar por un equipo de rodaje canadiense de una película de ciencia ficción que viaja a Irán para sacar a un grupo de civiles estadounidenses que están retenidos en el país. Todo esto en 1979. La película cuenta con el propio Affleck, John Goodman, Alan Arkin y el cada vez más en alza Bryan Cranston (Breaking bad). La película no pinta nada mal, para variar. Os dejo el tráiler y el primer cartel.






Ojalá que a su gran amigo Kevin Smith le pase algo parecido, que parece que ya ha dado el primer paso con Red state, que se estrenará en España este verano. Mientras tanto : ¡ENHORABUENA BEN!, sigue así.